Al Cohn & Zoot Sims Motoring Along
Septiembre 16th, 2008 by liquen
Al Cohn y Zoot Sims, saxos.
Horace Parlan, piano.
Hugo Rasmussen, bajo.
Sven Erik Norregaard, percusión.
Es nota esencial de toda buena combinación jazzística que el todo es superior a la suma de sus partes. Esto es aplicable no solamente en las agrupaciones de gran peso como las de Basie, Jones-Lewis, Herman, etc., pero también lo es en la combinación más pequeña de todas, la formada por dos músicos. Han existido muchas famosas “parejas” en el jazz y las mejores han exhibido siempre aquel fenómeno de sublimidad que puede describirse mejor como simbiosis musical. En otras palabras, cada individuo de la “pareja” ha incitado e impulsado al otro hacia cimas de inspiración y creatividad a las cuales, sin el “socio”, quizás no hubiera llegado.
Piensen en Lang-Venuti, Reinhardt-Grappelli, Parker-Gillespie, Winding-Johnson, Braff-Larkins, Griffin-Davies, Gray-Gordon, Stitt-Ammons y Mitchell-Ruff. Y piensen especialmente en Zoot Sims y Al Cohn, que son dos amigos de alma y espíritu de una compatibilidad comprensiva tal que su intercomunicación roza la telepatía.
Alvin Gilbert Cohn, de Brooklyn, Nueva York, y John Haley Sims, de Inglewood, California; ambos, actualmente, en sus 50 años formaron equipo para trabajar en clubs y en grabaciones, si bien no de una manera continua, desde el verano de 1957. No es, por lo tanto, sorprendente leer en la Enciclopedia del Jazz de Leonard Feather que, entre los músicos favoritos de Al Cohn, cuenta muy especialmente Zoot Sims y que, entre los favoritos de Zoot Sims, cuente Al Cohn. Esta admiración mutua resulta por demás estimulante y saludable, porque está basada en un profundo respeto del uno para el otro y en el calor de una genuina amistad.
Es axiomático que los polos opuestos se atraen. Esto puede ser verdad en los polos electromagnéticos y puede que sea la explicación de algunas relaciones duraderas en Varsovia, pero no funciona necesariamente en la música. En las mejores asociaciones, y esto es ciertamente verdad en el caso de Al y Zoot, los socios suelen tener mucho en común, especialmente en el aspecto de su aproximación a la música. El tratamiento que le dan Cohn y Sims es un swing melódico con una impetuosa alegría, un perfecto equilibrio de unísono y armonía, un gran sentido para la selección de los números y, cosa indispensable, un intachable buen gusto.
Fuera de la gran área de base común también hay, naturalmente, características individuales en términos de sonido y fraseo, y el oído acostumbrado no tendrá dificultad en distinguir a Al (canal izquierdo) de Zoot (canal derecho). Pero, al mismo tiempo, los dos músicos son tan concordantes en su filosofía musical que su música logra una unidad y un sentido de dirección tales que resultan casi misteriosos.
Hay en el jazz música y músicos que, para llegar a ser plenamente apreciados, requieren un oído educado y un alto grado de atención y estudio; hay también por otra parte, músicos y música que, sin pecar de simplicidad y de falta de sutilezas, puede ser disfrutada y saboreada por todos, desde el músico experimentado hasta el oyente menos iniciado. Este es el tipo de jazz que Al y Zoot tocan. Según mi propia experiencia, el jazz alcanzar su máxima potencia, en términos de comunicación inmediata con un público lo más amplio posible, cuando los ejecutantes están evidentemente disfrutando con la música que interpretan. Esto es, más que nada, la esencia del arte de Al y Zoot, ¡puro entusiasmo! En esos dos buenos músicos, éste es un elemento siempre presente, y lo comunican a la sección de ritmo, la cual entrega un apoyo tan excelente en este disco. Horace Parlan, cuyo estilo está firmemente arraigado a la escuela de Bud Powell es un pianista de gran experiencia, que desde hace algunos años reside en Copenhague. Si bien su trabajo en los solos adolece con aquella carrera descendente de seis notas sobre un acorde treceavo (ocurre en varios cambios en cada número del disco), su acompañamiento es seguro y su armonización es sana. El batería Danés Sven Erik Norregaard impresiona con su tiempo impecable y su técnica precisa, pero el miembro destacado de la sección de ritmo es el bajo danés Hugo Rasmussen, cuyo poder y decisión dan un tremendo impulso a los acontecimientos. Rasmussen y Norregaard dan un maravilloso eco a la comunicación que existe entre Al y Zoot; basta con escuchar, como ejemplo, el perfecto y preciso tiempo que llevan en “My Funny Valentine” (Mi graciosa valentina). Es sorprendente que sea tan raro el hecho de que un batería y un bajo estén de acuerdo de forma tan precisa sobre dónde está la caída del ritmo, como en el caso de Rasmussen y Norregaard. Y, hablando de comunicación, escuchen cómo los líderes, Al y Zoot, entrelazan sus pensamientos en el canon sin acompañamiento, hacia el final del mismo número.
Los otros números consisten en dos originales típicos de Cohn, un tratamiento altamente individual de “What The World Needs Now” (El mundo necesita amor) de Bacharach, un blues de Jimmy McGriff, “Motoring Along” (A todo gas), el cual realmente va “a todo gas”, y “Yardbird Suite” de Charlie Parker, en el cual Zoot toca el saxo soprano y ambos protagonistas hacen solos supercargados.
Mientras existan músicos como Al y Zoot, y sus colegas, que sigan produciendo jazz como éste, el futuro del Jazz está asegurado.
- Mike Hennessey
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